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PREPARATIVOS PARA TORNEAR



ESPECIES DE MADERA
La mayor parte de especies de madera pueden tornearse. Algunas, como Lignum Vitae, son demasiado duras para valer la pena, pero sí se pueden tornear si se desea. Otras, como el Tilo Americano y la Madera Balsa, son bastante suaves, pero se tornean fácilmente. Otras, por la aspereza de sus fibras, no son útiles puesto que su acabado es muy difícil y puesto que frecuentemente incluyen muchos nudos. Algunas maderas Oleorecinosas son defíciles de tornear puesto que la recina que contienen causa demasiada fricción; la fricción es nuestro peor enemigo.

Hay también otras consideraciones que no tienen que ver con su torneo. Si el producto final, por ejemplo, son balaustres exteriores, se prefiere una madera que no se deteriora en el clima donde se van a instalar. Las maderas resinosas como los Pinos, Cedros, Cipreses, etc, son ideales para esta clase de aplicación. Se prefiere que la madera a tornear no tenga muchos nudos, ya que en estas maderas poco densas, los nudos representan bultos de alta densidad, relativamente. Cuando la herramienta encuentra un nudo, hay tendencia a que «brinque» y no corte igualmente, causando un abultamiento en la forma final. Estas maderas, por su alto contenido de resinas, tienden a atorar los abrasivos como el papel de lija. Pero los nudos causan esto aún más. Se puede ver, por todo lo anterior, que estas maderas brindan el beneficio de ser resistentes al apudrimiento pero el manejo de ellos puede complicarse por la misma resina que nos otorga este beneficio. En la mayor parte de estas maderas, los acabados sí se adhieren bien. Pero algunos Cipreses y las Sequoyas no toman bien la pintura y requieren un preservativo sellador, aplicado antes de pintarse.

Por otra parte, los usos interiores no expuestos a la intemperie, permiten que una gran variedad de especies sean útiles. Si se va pintar el mueble u otro artefacto interior, una madera como el Álamo puede utilizarse. Esta madera se trabaja con relativa facilidad, se lija eficientemente, toma bien las pinturas, es lo suficientemente denso como para ser durable, se puede secar por horno en grosores hasta de 4 pulgadas (10 cm) y por su abundancia en algunas regiones, es barata. Su mayor desventaja es que se pudre cuando se expone a la intermperie. En cualquier clima donde llueva esta madera no durará más de 2 años, aun si se sella y pinta. Pero sí es posible usarla en áreas donde no llueve, como en el Suroeste de EEUU u otras regiones desérticas. Otras maderas se han de utilizar si un acabado teñido o claro se desea. Maderas tropicales como las Caobas, Conacaste, Gonzalo Alves, etc. son excelentes y se consiguen en dimensiones grandes. En áreas más elevadas o no tropicales, los diferentes Robles, Fresnos, Arces, Cerezos, Castaños, Nogales y otras maderas de nuez o fruta son deseables. Donde se da el Abedul y el Haya, estos son preciados donde una madera muy densa se requiere por su resistencia a la fractura. Mi personal favorita es la Caoba. Es útil en casi cualquier aplicación. No hay madera mejor para tornear, lijar o acabar.

CURACIÓN
La madera, hoy día, no debe de tornearse cuando no se haya secado, ya sea por horno o por aire. En tiempos de antaño, cuando el torno recipricante se usaba, la madera no curada era preferible, ya que, por la poca velocidad de los tornos, una madera seca era difícil de trabajar. También, la madera húmeda se raja cuando se va secando, después de ser trabajada. Pero, con los tornos motorizados y los aceros modernos, es preferible la curación al aire. Se considera que la madera que se seca un año por cada pulgada de espesor está preparada para el uso. Esto reduce la humedad natural de la madera de aproximadamente 50% a 12% (por peso). Al horno, usualmente el porcentaje se reduce al 6% o 7% aproximadamente. Esto es perfectamente utilizable aunque es un poco dura. Por el costo, en áreas industriales, ésta es la manera más económica de secar la madera. Si se obtiene la madera curada al aire, es mejor. Pero por razones económicas, no es siempre permisible. Otra consideracón es que, si la madera está muy húmeda, hay que contender con el óxido en cualquier elemento del proceso que sea de acero.

PEGAMENTO
Dada la humedad correcta, muchos trabajos de tornería requieren un espesor de material mayor de lo obtenible en una sóla pieza. La Caoba y el Álamo pueden hallarse en algunos lugares, curados y de 4 pulgadas (10 cm) de grueso. La vasta mayoría de las maderas no pueden curarse al horno en espesores mayores de 2 pulgadas (5 cm) puesto que se rajan. Cuando se desea un espesor más grande, hay que encolar 2 o más piezas para formar el sólido requerido. Antes de encolar y prensar las tablas, las superficies deben aplanarse. Si quedan marcas de cuchilla en las superficies, éstas deben de removerse, usando un raspador de ebanista u otro medio. Después de esto, es provechoso lijar levemente las superficies con lijadora eléctrica, preferiblemente de las osciladoras y no las de faja. Se puede también lijar a mano pero, claro, esto es más arduo. La superficie lijada, se adhiere mejor que la superficie que solamente ha sido aplanada. Si no se tiene una aplanadora (o cepilladora) se puede cepillar a mano. En estos días, somos pocos los que aún podemos cepillar a mano y es trabajo duro. Pero así se hacía antes y con práctica un buen ebanista alcanza aplanar eficazmente una tabla. De todas formas, la lijada es útil antes de encolar.

Los pegamentos modernos de resina alifática (Titebond) son preferibles a la cola natural o la cola de piel caliente. Para usos exteriores, Resorcinol o Epoxy son excelentes. Si el uso exterior incluye una protección mínima (como las columnas o balaustradas de varanda) hay versiones del pegamento alifático para uso exterior (Titebond II).
Debe aplicarse la cola que se use uniformemente entre superficies adyacentes y luego las piezas deben de ser prensadas. Hay una regla en el trabajo de madera: Nunca se puede gastar demasiado en prensas. Mientras más prensas se tiene, mejor. Mientras más fuertes son éstas, mejor. Las prensas que utilizan caños de metal son adecuadas para la mayor parte de ocasiones. Aun aquí, no desperdicio mi dinero en las de caño de 1/2 pulgada. Siempre prefiero las de caño de 3/4" ya que se pueden apretar mucho más y duran muchos más años que los pequeños. Su alcance solamente es limitado por el largo del caño que se use. Mantengo dos juegos de caños un juego de 1 metro y otro juego de 1.5 metros. Siempre uso los caños más cortos que pueda.

Las prensas de embocadura de madera cuestan algo de dinero pero son versátiles y excelentes en toda situación en que el material quepa en ellas. Al prensar las tablas, no debe de haber más de 14 pulgadas (35 cm) entre prensas. Una junta uniforme es lo que se desea, ya que si se abre la junta, se desperdicia todo. Siempre dejo las prensas al menos 8 horas en clima recomendado o 12 horas si el tiempo es muy húmedo o fresco.

En esta foto vemos una alternativa barata para las prensas. Se pueden fabricar con 2 tornillos, 4 arandelas y 4 tuercas. Éstas funcionan perfectamente bien, pero requieren un poco más tiempo para apretarlas. Dos llaves de mecánico se requieren pero, se pueden diseñar para cualquier uso y en cualquier tamaño.

Para la curación del pegamento, es recomendable no exponer al sol lo que se está pegando. El resecamiento imparejo puede curvar la madera y abrir la junta. Un cuarto tivio y seco es el lugar preferido para este proceso. Como esto es lo que se prefiere para el trabajo de madera en general, el taller debe de tener algún control de clima. Si uno vive en el trópico, poco se require para cumplir estas condiciones, siempre y cuando se tome en cuenta que en estación lluviosa, la curación de colas y pegamentos tarda más. En lugares donde hay temporada de frío, algún sistema de calefacción es necesario. Calentadores de leña, eléctricos, de gas o de kerosina, todos pueden usarse. Un termómetro es útil para regularizar la temperatura del taller.

Después de encoladas las piezas, la última tallada usualmente se hace. Ya que en muchos casos, partes de la pieza se dejan cuadradas, sin tornear, es necesario tallar a la medida final que se requiere antes de llevarla al torno. Claramente, en situcaciones donde no se dejan cuadrados, la pieza puede dejarse un poco gruesa. Pero se debe recordar que es más fácil reducir la madera por máquina que al torno. Si no se tiene máquina, entonces el torno puede usarse con mayor facilidad que con las herramientas de mano.

MONTAJE
Cuando la pieza a tornear está preparada y tallada en todas las dimensiones, es necesario hallar los centros de los dos extremos. Hay varias maneras de hacer esto, dependiendo, más que todo, del grosor (que es también el ancho) de la pieza. En patas de sillas o mesas, balaustres, postes de escala y otras piezas menores de 20 libras (9 Kg) y que son sólidas, uso el centro en cruz que viene con los tornos. Si uno posee una escuadra de mecanista que tenga cabezal de centrar, ésta se puede usar para hallar el centro. Es recomendable trazar una línea central de cada una de las cuatro esquinas del extremo de la pieza. En teoría sólo dos, a 90 grados, se requieren. Pero mi experiencia es que las escuadras, el grosor del trazo del lápiz o la imperfección de la pieza misma requieren que se tracen las cuatro. Donde éstas se cruzan queda, usualmente, un cuadro pequeño en blanco. El centro de la pieza se halla en medio de este cuadrado. Con un punzón marco el centro. Este hoyo sirve para dirigir el centro del torno cuando uno ensarta la punta en la pieza. Se coloca la pieza en el torno, se ajusta la cola y la prensa de la cola se aprieta.

Se puede también hacer un centrador como el que se ilustra:
El centrador se hace de dos piezas planas de madera que forman un ángulo de 90 grados o, como en la foto, se corta el ángulo de una sola pieza. A 45 grados de éste se hace un agujero por el cual pasa, con poca firmeza, una varita de madera de sección cuadrada de 3/4" (2 cm) y de unas 10 pulgadas (25 cm) de largo. Por ésta pasa un tornillo, el cual se usa para marcar la pieza de tornería. Otro tornillo sirve para fijar en su posición la vara después de ajustarse. En principio, es igual al cabezal centrador de la escuadra de mecanista. Al igual que la escuadra, ajusto la vara del centrador al ojo y luego, abarcando cada una de las cuatro esquinas del material, marco con el tornillo. El centro es encuentra entre las cuatro marcas de tornillo. Este proceso es más rápido que con la escuadra.

Para columnas y otros elementos muy grandes, utilizo el plato del torno. Recorto de plywood u otra madera de 3/4" un disco. Éste se atornilla al extremo mayor de la pieza, en la mayor parte de casos. De una plancha de 3/4" de grueso, corto otro disco temporal. Este disco se usa de similar forma en el otro extremo. Luego, se monta la pieza al torno, enroscando el plato en el mandril. Si se trata de una columna, es usualmente necesario acuñar los dos extremos sobre los rieles del torno para evitar problemas causados por el peso. Ya enroscado el plato, se enrosca la cola hasta quedar bien apresionado todo. Después de prensar la rosca de la cola y empezando a la velocidad más baja, se hace el intento de girar el torno. Si la oscilación o vibración no es molesta, detengo el torno y subo a la siguiente velocidad. Continúo este proceso hasta que alcance una velocidad donde la oscilación es mucha y entonces, bajo la velocidad a la siguiente más baja.

SEGURIDAD VERSUS TIEMPO
En todos los casos, la seguridad de la obra y del tornero tiene que ser la consideración más importante. En casos de pesos y dimensiones grandes, es posible, después del redondeo inicial, subirle una o dos velocidades, ya que cualquier imbalance queda reducido usualmente. Es importante, en casos de obras grandes, descansar a cada media hora o más frecuentemente. Mientras se descansan las manos y antebrazos, se afilan las herramientas, se revisa el montaje de la pieza y cuando sea necesario, se limpia de viruta el torno y el piso. Una columna de dos metros o más de alto usualmente toma de 2 a 4 horas para tornear y lijar. Postes de escala toman de 20 minutos hasta 2 horas, dependiendo del tamaño. Balaustres toman de 12 minutos hasta 1 hora, dependiendo de la especie de madera, el tamaño, la relativa vibración, y la complejidad del diseño. Mis cálices grandes requieren 1 hora (dentro y fuera) y mis urnas funerarias toman media hora para tornearlas y media hora para lijarlas. Mis cálices más pequeños requieren diez minutos para tornearlos y lijarlos. Los artefactos pequeños no cansan, mientras objetos de mayor peso y diámetro sí lo hacen. Mi regla para los descansos es: «Si no lo estoy disfrutando, necesito un breve descanso». Pero si se está tratando de ganarse uno la vida con este trabajo, hay que emplearse regularmente. La tornería es peligrosa y las lesiones me han costado, más de una vez, hasta varias semanas de curación. Durante este tiempo, no se emplea uno y no se recibe ingreso económico. Es mejor sufrir una razonable pérdida económica en una obra que no se ha presupuesto bien, que, por apresurarse, lesionarse en un momento de descuido o fatiga.