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EL ARTE DE LA PAZ

Comentarios Generales


Osensei (maestro) Morihei Ueshiba, en el Arte de la Paz, desde su perspectiva de guerrero, ha presentado sus creencias espirituales, aparentemente Zen en carácter. El Zen es una forma de Budismo que tiene fuerte influencia Daoista. Originalmente traído al Japón de la China, tomó fuerte arraigo en la cultura insular, siguiendo solamente a la religión Shinto en sus números. Muchas de las tradiciones meditativas de la cultura Japonesa se crearon como manifestaciones del Zen.

A esta vasta tradición se aferraron muchas de las familias nobles y de los Samurai. Esta casta guerrera desarrolló un alto sentido de honor. Su orgullo es contradictorio al Daoismo y a los principios de Zen. Sin embargo, muchos de ellos pertenecían a esta religión, mientras otras familias se mantuvieron firmes en sus creencias Shinto.

La ceremonia tradicional del Té, el arreglo floral formal, el teatro Kabuki y otras artes meditativas tienen sus raíces en el Zen o recibieron influencia de esta perspectiva. De todas maneras, las relaciones entre la meditación Zen y el Daoismo son fuertes. A propósito de la obra «Arte de la Paz», debemos nada más decir que en las tradiciones marciales del Japón se ve la influencia de la perspectiva espiritual. El Kyudo, la exclusiva arte marcial del tiro con arco y flecha, es ejemplar en este sentido; esta arte marcial es utilizada, más que otra cosa, para el propósito de la meditación.

Ueshiba trajo esta perspectiva a su nueva arte marcial, el Aikido. El término «AI» se puede traducir de varias formas pero siempre incluye el concepto de armonía: armonía con el universo, con la pareja de uno y con uno mismo. El Maestro incluye el concepto Zen y Daoista del merjer con el UNO para comunicar la realidad espiritual que el oponente, uno mismo y todo lo que hay no son cosas apartes, sino tal vez, manifestaciones del Uno. En otras traducciones Daoistas, he usado mi término «UNITUD» para traducir este concepto esencial. En el Arte de la Paz, he traducido la palabra «Uno» directamente. Después de todo, el Maestro ni era filósofo ni teólogo y se comunica en una forma más sencilla: es decir, usando terminología casual.

La sencillez de esta obra refleja el concepto espiritual de que las palabras, el conocimiento académico y el reflejo mental son contrarios a la sabiduría y al experimentar la Unitud. «Satori», que es el término Zen para este «ser» (y nada más), no es utilizado por el Maestro, pero la experiencia que sus metáforas bélicas expresan viene a ser lo mismo. Nos encontramos con la dicotomía de tratar de explicar con palabras y conceptos, lo que es contrario a lo mental. Es decir, a menos que nos hallemos todos en el Uno, necesitamos de la mentalidad para comunicar lo que no se puede entender ni compartir con esfuerzo mental.

Mi deseo más sincero es que esta traducción, como todas mis traducciones, sea útil a los de habla hispana en aproximarse a la experiencia de Unitud. Recordad que las palabras son únicamente un indicador, un bitácora que nos dirige a la dirección requerida. No son la experiencia que describen.

Michael Hofius Castañeda
Otoño, 2003

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