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XL

Las leyes del universo son inviolables.
La energía se condensa hasta ser substancia.
Los alimentos se comen por la boca y no por la nariz.
Una persona que olvida el respirar, se tornará azul y morirá.
Algunas cosas simplemente no se pueden denegar.

Es también parte de la ley cósmica que lo que dices y haces determina lo que sucede en tu vida.
La persona ordinaria piensa que esta ley es externa, fuera de sí y se siente confinada y controlada por ella.
Y así, sus deseos le disturben la mente, su mente le disturbe su espíritu y vive en constante alboroto, con sí mismo y con el mundo.
Su vida entera se consume en luchar.

La persona superior reconoce que él y la ley sutil son uno.
Por tanto, él se cultiva para acordarse con ella, trayendo moderación a sus acciones y claridad a su mente.
Haciendo esto, se hace uno con todo lo divino e iluminado.
Pasa sus días bebiendo serenidad y expirando contentamiento.

Ésta es la verdad profunda y simple:
Tú eres el maestro de tu vida y muerte.
Lo que haces, eres.