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XLII

El Tao da luz a Uno.
Uno da luz a Dos.
Dos da luz a Tres.
Tres da luz a todas las cosas.

Todas las cosas tienen sus espaldas hacia lo femenino
y se paran firmes viendo lo masculino.
Cuando lo masculino y lo femenino se combinan
todas las cosas alcanzan armonía.

Los hombres ordinarios odian la soledad.
Pero el Maestro lo utiliza bien,
acogiendo su soledad, fijándose
que es uno con el universo eterno.