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LXXVIII

Nada en el mundo
es tan suave y rendible como el agua.
Mas para disolver lo duro e inflexible,
no hay nada que se le sobrepase.

Lo suave se sobrepone a lo duro;
lo manso se sobrepone a lo rígido.
Todos saben que esto es cierto,
pero pocos son los que lo pueden poner en práctica.

Por lo tanto, el Maestro se mantiene
sereno en medio del pesar.

El mal no puede penetrar su corazón.
Porque ha dejado de ayudar,
es la ayuda máxima para las personas.

Palabras verdaderas parecen ser paradójicas.