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EL NO JUZGAR Y
EL CABALLO DEL GRANJERO

Una parábola por Liu An
Recontada por Michael Hofius





English Version

Ted es un coexplorador espiritual. Correspondíamos él y yo acerca de los tres principios espirituales: Sinceridad, Apertura Mental, y Buena Voluntad.

El miércoles, 30 de julio, 1997, Ted escribió:

En un comentario que compartí con unos amigos recientemente, relataba lo importante que se ha hecho para mí la apertura de mente. Siempre me enorgullecía, pensando que la tenía, solo que ahora estoy aprendiendo que lo que creía ser una mente abierta, era en realidad una mente cerrada y egocentrista. Otro principio que quisiera agregar a las tres ya mencionadas es la Aceptación.

Aceptación de mi vida: la Vida con toda su bondad y su maldad, tan íntimamente entremezcladas.



He aquí mi respuesta a Ted:

En el modo de pensar occidental nos atrapamos mucho juzgando todo. El Calvinismo y todos sus descendientes Fundamentalistas han creado una ciencia avanzada del juzgar.

En el pensamiento Budista, Zen, y Taoista esto es energía desperdiciada, ya que en todo tiempo siempre se tienen los dos lados de cualquier dualidad. Liu An escribió este cuento (mi memoria, mi paráfrasis):

Húbose una vez en que el caballo de labor de un granjero se escapó. Sus vecinos conmiserativamente le dijeron, «¡Que atroz para tí!» Él sencillamente respondió, «Veremos.» Su hijo salió a buscar al rocín y volvió triunfalmente guiando al agitado corcel. Los vecinos felizmente exclamaron, «¡Que júbilo; se halló tu caballo!» El granjero, con calma dijo, «Veremos.»

El hijo del granjero tomó la responsabilidad de domar y de entrenar al caballo temperamental. Pasaron algunos días. Una mañana el hijo fue botado del rocín y se le fracturó la pierna. Requirió encaje y bendarse y no podía trabajar en la granja de su padre. Los vecinos infelices declararon, «Qué desfortuna la tuya: no tendrás la ayuda de tu hijo en la granja por varias semanas. ¡Que catástrofe!» Repondió de nuevo el granjero, «Veremos.» Pero altercó un vecino, «¿Cómo puedes estar tan ligero con el predicamento de tu hijo? Sé de hecho que tendrás que laborar hasta tarde en la noche para completar todas las tareas sin su ayuda. Tú puedes denegarlo, pero ¡SÍ tienes un grave problema!» El granjero, con quietud dijo, «Veremos.»

Al día siguiente, la guardia del emperador llegó. Vinieron porque el emperador había decidido que era tiempo para la inscripción militar. Todos los hombres elegibles serían inscritos para pelear en la querella fronteriza más reciente del emperador. Por la pierna quebrada, el hijo del granjero no fue llevado por el ejército. Y el caballo, por ser muy inquieto, tampoco fue inscrito. Y porque ni tenía caballo ni hijo que le ayudasen a alimentar a su familia, al granjero lo dejaron para atender a su granja.

Lo que las personas ven como Bueno o Malo es simplemente La Vía. Es mas fácil no juzgar pero, en vez, como el agua, fluir por derredor de las experiencias de la Vida.

Y tienes razón... la Aceptación es la clave. La Aceptación es la calidad que nos permite ser lo suficientemente serenos para escoger el fluir, en vez de juzgar y reaccionar a nuestros juicios, al mismo tiempo turbando el flujo. Tiene que ser una práctica... y aprendiendo a no pensar pero, en vez ser por en medio de las circunstancias de la Vida ES Aceptación y es el acto de fluir.

Pax et Luminas, Mike.

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